I
Tuve que caminar de nalgas por la casa, andar de rodillas. Saber que esta pierna me recordaba a cada paso lo útil que siempre había sido para mí y llorar a ratos por no tenerla y a la vez tenerla tanto como para estorbarme y hacerme tropezar por las escaleras hasta lograr enfurecerme para levantarme y maldecirla mientras ella me maldice. Pero de antemano sabe que no puedo regresar a la cama sin ella, por eso me quedo estacionada mirando el techo por horas y así por las horas que siguen, hasta que mi vejiga no se puede contener más y me obliga a levantarme de nuevo con saltos de conejo bizarro, mientras miro de reojo a mis flamantes muletas de aluminio las cuales me he negado a usar en un acto de rebeldía que no me haga recordar que soy esclava de mi pierna, de este yeso antiestético que me hace lucir un pie blancuzco y grande, y por eso tengo que hacer saltos siempre, para no míralo frente a mi y así llegar al baño y más tarde a mi cama. .
II.
Sigo recostada mientras me hundo por estas terribles ganas de rascarme el izquierdo. El izquierdo es un niño caprichoso, deseoso y egocéntrico que pide a gritos un poco de atención, por eso me provoca una comezón enfermiza, por eso miro mi pierna a cada instante, para ver si mis ojos hacen la función de mis manos, por esa razón hago caso omiso a cualquiera de sus caprichos
La desesperación me hace mirar mi ventana a cada instante y a simple vista parecen ser las once de la mañana pero también podrían ser las tres o hasta las cinco de la tarde, no lo sé, por que a cada rato me quedo en el intento de saberlo, así que me vuelvo de esta imagen recurrente que se han vuelto los artefactos de aluminio, estos seres sin sentimientos que me recuerdan que me tengo que columpiar de ellos.
III.-.
No puedo pararme, a veces tengo frío y la colcha esta muy lejos, los agrios no llegan y no salgo por miedo a que los juanes me vuelvan a asaltar. He comenzado hablar con mis electrodomésticos, justo ayer, tuve una charla con mi televisor, el que más que un objeto para mirar encendido, es un objeto para platicar apagado, por eso lo adorno con los juguetes de mi hijo sobre su antena, y lo sé, sé que me reclama por menospreciarlo, pero ese ha sido su destino en esta casa y no puedo ni mantenerlo conectado al cable de la electricidad. Hablamos para que no me platique más de las veces en que la veía gustosa en los tiempos en los que aun era casada, morbosa de saber toda clase de noticias nocivas que inducía el mundo. Ahora estoy sola y prefiero no verla más, ni soportar los infocomerciales para matar el sueño o para soñar con ellos.
V
Terminé mi charla con el televisor y sigo con la lavadora que esta dentro de mi cocina y que tiene una relación lésbica con la estufa, por eso ahora creo que es tiempo de tomar mis muletas. Me levanto y la izquierda ha empezado hacer acto de presencia, me habla tan a menudo que ya siento este dolor permanente lleva un pacto de vicio con los analgésicos y que estos ya no me pueden curar por eso ella siempre quiere llamar la atención y me hace caer al suelo mientras los electrodomésticos se burlan de mi.
V
Abro el refrigerador, creo que con el siempre he tenido una buena relación y saco una cerveza, me la tomo rapidísimo, sólo para que los demás vean que no estoy tan mal, y que me armo de valor para abrir la puerta, lo hago, no hay juanes en el exterior, el día es brillante y en mi pierna se siente entrar el aire. Salgo feliz, columpiándome como niña sobre mis artefactos de aluminio, saltando piedritas, bordos, plantas y hormigas. Ahora ya no soy la esclava de la izquierda.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Ah, qué tu patita.
¡Gracias por escribir! Buena forma de saber de ti, B.
Se te quiere harto, ya lo sabes.
Qué chido verte en la Dama, por cierto.
Un abrazote
Publicar un comentario