miércoles, 5 de marzo de 2008

Por que quiero Mango.

Los amores recién estrenado tienen esa sensación de frescura que pierden los antiguos, pero nunca esa etiqueta que contenga una leyenda que me explique hasta donde llega su finito, son el único juguete que se puede tener por los fines de semana, mientras el resto sea ese señuelo de normalidad que los demás aparentan, por eso me permito placeres más tangibles, como el hecho de comer un chocolate, pisar la raya de las aceras ó columpiarme en alguna hamaca prestada, por eso a veces los placeres se vuelven tan rutinarios y aburridos que tengo que prestarme a los desencantos, es decir: yo sé que a todo mundo en este lugar de calor les gusta el mango, quizá por que es fresco, suculento, escurrido y tan brillante que nadie se le puede negar a su encanto, pero también sé que esa fruta de color tan brillante no es para mí, que su color no combina con la palidez de mi piel, que su jugo sólo me provoca comezón entre los dedos, pero siempre quiero estar segura de lo que ya sé, por esa razón una vez al año tengo que probarlo sólo para darme cuenta que lo que digo es verdad.
Así creo que es el amor para mi y por esa razón lo pruebo una vez al año, es así que conozco algún hombre que me haga sentir que puedo putearme la cabeza en la pared sin sentir el mínimo dolor y que más tarde me pueda mirar en el espejo con los dejos de lo que infringí, tengo que estar con alguien que me provoque escribirle casi inconciente todo un poemario de estación y así tener que leer la estación siguiente y darme cuenta que lo que escribí es horrible.
Por esa razón mejor le escribo a las moscas, a los faroles fundidos, a los cristales rotos y alguno que otro mal intencionado sentimiento.

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