jueves, 21 de agosto de 2008

Temporada de Lluvia

Situada en el hoyo más profundo del mundo, rodeada de cerros, las nubes parecen estacionarse todo el tiempo en esta ciudad.
A lo lejos se ven siempre luminosa, fotogénica a los ojos de los lentes de los extranjeros, pero una vez que te estacionas, sus adentros siempre son grises, fríos y húmedos.
Las nubes con toda su presión atmosférica están constantemente apretando la coronilla de tu cráneo y por el tiempo que he tenido que vivir en este lugar he sufrido una pesadez acuosa. Ellas saben lo mucho que las detesto, por eso temo cuando viajan tan cercas la una de la otra y se aparean tormentosamente, mientras avientan rayos a la tierra, sin importar el daño que provoquen, algunos más técnicos sólo le llaman temporada de lluvias, pero ese, es justo el tiempo en que me veo constantemente mojada de pies a cabeza, con una frialdad que entra directo al hueso de mis tobillos.
La lluvia me conoce, sabe perfectamente la hora en la que salgo de trabajar, espera sigilosa para suicidarse gota a gota del cielo a la tierra y precipitarse copiosamente sobre mi.
Por eso odio la lluvia, odio esa oscuridad fatalista que me ha hecho guardarme entre las colchas y aumentar más de tres kilos y que me ha hecho pensar con melancolía en ese traicionero sol que se asoma entre los cerros y en ocasiones me saluda con un guiño en el reflejo de los charcos, mientras se aleja a vacacionar a otras tierras, menos grises, más sinceras.

martes, 29 de abril de 2008

Ensayo sobre el amor.

Vivir con innaturalidad, esperando a que los besos se queden pegados como vetas sobre piel. A veces ciegos, a veces claros, los enamorados viven de un mundo paralelo al de los demás, sé creen que tienen un tiempo de sobra, cuando en realidad siempre les falta y se les ve escurrir a borbotones entre las comisuras de sus dedos. En ocasiones inventan mal entendidos como en una especie de simulacro en caso de desamor.
Buscan lugares comunes donde puedan toparse por casualidad, cuando en realidad sólo se están buscando. Así viven, a expensas de los sentimientos de los otros, oteándose desde lejos con la certeza de saberse conectados por sus miradas aun cuando esto signifique traspasar, por eso están en el ojo publico, son la comidilla de los desahuciados, y la estocada en el corazón de los incapacitados para sentir.

jueves, 24 de abril de 2008

El tigre y los arándanos

El timbre sonó, estuvo dispuesto para que ella lo pudiera alcanzar, alguien se había encargado de hacer el contacto, así fue como la puerta se abrió.
Los que miraban por las ventanillas comenzaron a excitarse, algunos empezaron a salivar en exceso. Fue así como ella irrumpió en el lugar, con un gesto de ingenuidad desbordada, luciendo como un monigote rebotando, una mariposa regordeta la cual no cabía en sí de la felicidad. La enana paro en seco, justo cuando se percato de la mirada de los snuff .
Más tarde sé escucho un rugido que inundo el lugar y yo me deje sumergí en el sonido para dejar de ser la persona que había sido, así me tumbe en la nota baja como si su resonancia vibrara en mis entrañas, recorriendo suavemente la circulación de mi sangre, después el grito de la enana, pero con una nota tan alta que su agudo comenzó a erizar mi piel, más tarde silencio, y esos entrecortados balbuceos de algún idioma que no acaba de entender, sólo podía comprender el sentido de sus suplicas melódicas. Era un acto de fe mirar como ella trataba de calmar a la bestia, pero el tigre nunca dejo de ser fiel a su naturaleza, y llevaba a la mujer entre sus garras de un lugar a otro, jugueteaba con ella con una sutileza de tortura.
Por eso, cuando el tigre la tomó por el cuello para asfixiarla y después mordisqueó el cráneo, me sentí sumamente aliviada, fue como un guiño en mi pezón, una caricia el los testículos del hombre que estaba a mi lado.
Cuando sacaron al tigre del lugar, anduvimos como moscas revoloteando sobre su cuerpo, quisimos hurgar sus marcas, me sentí chacal tratando de comer con la mirada, por eso me acordé de mi verdadera naturaleza, y aparente asco de los otros chacales, y me fui a la habitación continua a comer arándanos para olvidarme de la sangre.

domingo, 20 de abril de 2008

Matando Patos.

No tengo nada suyo que me sea familiar, se ha ido, con mis besos, mis palabras, sólo me queda su última postal, la de un país donde todos semejan ser tan felices tras una urbe donde yo estaría cagada de miedo, (pero las cosas siempre se ven tan lindas desde esta tarjeta) y él siempre comienza diciendo: querida B: un par de dulces y adornadas palabras y al final un P.D. que dice: No olvides matar patos.
Quizá, en su lenguaje casi ínfimamente humano eso quiere decir te amo, pero como él es él, sólo le puedo dar un sentido exacto a sus palabra. Así que me he preparado para matar patos. Me he puesto ese lindo vestido rojo para el acto, y he caminado un par de metros hacia la presa. No voy prepara más que con mis manos y mis dientes.
Pensar en patos, tapar su pico, agarrar su cuello, excitándome por su muerte, hasta que su sonido se vuelve inmundo, y los de un lado me miran con una mueca peculiar.
Ahora sé que matar patos no es fácil, mucho menos de noche, cuando miras a las parejas besarse a la orilla de la presa, devorándose, romanceando o lujuriando a ser desnudos de los pies a la cabeza, mientras un pulpo antropomorfo con ventosas en su piel succiona su cuerpo.
Ahora escucho el gozo y las fuerzas que semejan del deseo, mientras me veo a la orilla de la presa, con mis piernas entremetidas en un charco, completamente escurridas, mientras me veo sujetando a un pato por el cuello, jalando su traquea, hacia arriba y hacia abajo mirando como este aletea desesperado y agoniza de asfixia.
Si, ahora lo puedo admitir: soy una asesina de patos, y se siente tan bien confesarlo, y justo después de decirlo, mi cuerpo empieza a estremecerse, sintiendo pena y vergüenza de mis actos.
Pero aun así, con mis manos calientes, vuelvo a casa a mirar nuevamente la postal, y tratar de adivinar, que fue lo que quisiste decir con P.D. No olvides matar patos.

jueves, 17 de abril de 2008

Algo que tendría que decirle a la mujer del instrumento grande.

Tengo esta clase de azares conmovedores en mi vida, en donde tengo que lidiar con el desencanto de la mujer carga con el gran instrumento, sólo por creo que le he robado lo más semejante al querer, por eso me mofo de sus histerias públicas y finjo tristeza por la suya.
Así me llevo con la vida, arrastro este tipo de tragedias desde la infancia, provengo de una familia yerma de la que sólo reconozco piezas sueltas a distancia, por eso sufro de días incompletos e incontenibles buscando encontrar sueños que me acicalen el alma para arrullarme por las noches.
Tuve que fingirme por tanto tiempo antes de encontrarte, hurgue entre las grietas más horribles sin saber que te buscaba, fingí ser la indigente que recolecta restos de comida en la basura para alimentarse, tuve que cazar cazadores en la oscuridad, fui tigre, indudablemente lo fui, así como también la víctima de otras bestias, por eso me dediqué a limpiar lágrimas ajenas, pedirle cuerpos prestados a mis conocidos y regresarlos casi intactos, dejándome sin fuerzas para retomarlos. Tantas veces me dejé besar por sapos, todo para encontrar al que ya por tanto tiempo me había encontrado, tuve que mover mesas de los bares, levantarme del resto que deja la cerveza, y fijarme en otros brazos, sólo para que esa noche nos topáramos los labios, por eso no me canso de reconocerte, y no me molesta decirle a la mujer que carga el instrumento grande, que el hecho de que tu voz me acicale por las noches es lo más semejante al amor y mucho más fuerte que su más semejante al querer.

domingo, 16 de marzo de 2008

Imagino playas.

Las playas siempre esperan, se quedan como grandes gigantes estacionadas de por vida y el recuerdo de saberlas lejos me provoca la melancolía de querer pronunciarlas, por eso no es bueno que me digas que me puedes mandar poemas dentro de las botellas y arrojarlos al agua pensando que las corrientes del mar los llevarán hacia mis pies.
El mar esta muy lejos de mi casa y me angustia el desafortunado destino de tus letras, imaginarlas olvidadas y encallados en la arena, esperando a que alguien más las vea para ser pronunciados.
Por esa razón he dejado un mapa de mí sobre tu cuerpo, para que lo mires frente a tu espejo, mientras el tiempo no amenace con desvanecerlo, y en sus líneas te confundas para encontrarme, por que al fin que esto es un juego.
Imagino playas de encuentros inexorables, y son los mensajes de textos de los desahuciados los que no me dejan llegar a desencallar botellas sobre la arena y poder pronunciar tus poemas con mis labios.

sábado, 15 de marzo de 2008

Pues esto me lo robé del Blog de mi tan querido Rabito Migraña.
Fue algo que escribimos el y yo en el msg, a manera de chateo, y todo por que estaba aburrida.
Gracias Amigo por tus provocaciones creativas.




Migraña y Limón Opus 22

Me estoy convirtiendo en estatua,
y mis manos y mis piernas
dejaron de moverse
y mi piel es gris y huele a tierra seca.

Por eso tengo húmedos los ojos,
escucho llover adentro,
estoy hueco,
soy un pozo ,
donde escucho retumbar
el eco de tus palabras.

¿Qué son tus palabras?
¡Palabras! Voz, letras habladas.
No, son sombras,
son ecos,
son copias falsas que nos siguen
como fantasmas,
que se pliegan a las jambasde las ventanas.
¿Dónde dejo tus palabras? ¿Cómo hago para olvidarlas?
Déjame con ellas en una banca destrozada
...a la cabina de teléfonos.
¿A quién llamarías entonces?
Al tiempo, al destino y a la causalidad.
Ah, si los hubieras escuchado antes,
el tiempo te habría enseñado a esperar.
Pero la espera es una enfermedad caprichosa,
que se aleja a voluntad.
No quiero la espera, ni el olvido, ni a ti siquiera.
¿Entonces, qué buscas con esto?
Busco la vida,
¿sabes dónde está?
Entre la los moribundos,
porque son ellos los que la aprecian.
¿Cómo reconozco a un moribundo?
¿Los conoces?
¿Dónde viven?

En las calles,
en los supermercados,
en las plazas y en los bares:
son los ebrios sentimentales,
que beben para aliviar su dolor.
¿Soy yo un moribundo? ¿Eres tú?

Lo somos de jueves a martes,
entre tiempo y tiempo,
en descansos intermitentes de lo que sabemos.

Y el resto del tiempo estatuas,
goteando tiempo y soledad,
sal sobre aceras,
restos de café y de yerba,
pozos sin agua.

jueves, 6 de marzo de 2008

La izquierda y las muletas.

I
Tuve que caminar de nalgas por la casa, andar de rodillas. Saber que esta pierna me recordaba a cada paso lo útil que siempre había sido para mí y llorar a ratos por no tenerla y a la vez tenerla tanto como para estorbarme y hacerme tropezar por las escaleras hasta lograr enfurecerme para levantarme y maldecirla mientras ella me maldice. Pero de antemano sabe que no puedo regresar a la cama sin ella, por eso me quedo estacionada mirando el techo por horas y así por las horas que siguen, hasta que mi vejiga no se puede contener más y me obliga a levantarme de nuevo con saltos de conejo bizarro, mientras miro de reojo a mis flamantes muletas de aluminio las cuales me he negado a usar en un acto de rebeldía que no me haga recordar que soy esclava de mi pierna, de este yeso antiestético que me hace lucir un pie blancuzco y grande, y por eso tengo que hacer saltos siempre, para no míralo frente a mi y así llegar al baño y más tarde a mi cama. .

II.
Sigo recostada mientras me hundo por estas terribles ganas de rascarme el izquierdo. El izquierdo es un niño caprichoso, deseoso y egocéntrico que pide a gritos un poco de atención, por eso me provoca una comezón enfermiza, por eso miro mi pierna a cada instante, para ver si mis ojos hacen la función de mis manos, por esa razón hago caso omiso a cualquiera de sus caprichos
La desesperación me hace mirar mi ventana a cada instante y a simple vista parecen ser las once de la mañana pero también podrían ser las tres o hasta las cinco de la tarde, no lo sé, por que a cada rato me quedo en el intento de saberlo, así que me vuelvo de esta imagen recurrente que se han vuelto los artefactos de aluminio, estos seres sin sentimientos que me recuerdan que me tengo que columpiar de ellos.

III.-.
No puedo pararme, a veces tengo frío y la colcha esta muy lejos, los agrios no llegan y no salgo por miedo a que los juanes me vuelvan a asaltar. He comenzado hablar con mis electrodomésticos, justo ayer, tuve una charla con mi televisor, el que más que un objeto para mirar encendido, es un objeto para platicar apagado, por eso lo adorno con los juguetes de mi hijo sobre su antena, y lo sé, sé que me reclama por menospreciarlo, pero ese ha sido su destino en esta casa y no puedo ni mantenerlo conectado al cable de la electricidad. Hablamos para que no me platique más de las veces en que la veía gustosa en los tiempos en los que aun era casada, morbosa de saber toda clase de noticias nocivas que inducía el mundo. Ahora estoy sola y prefiero no verla más, ni soportar los infocomerciales para matar el sueño o para soñar con ellos.

V
Terminé mi charla con el televisor y sigo con la lavadora que esta dentro de mi cocina y que tiene una relación lésbica con la estufa, por eso ahora creo que es tiempo de tomar mis muletas. Me levanto y la izquierda ha empezado hacer acto de presencia, me habla tan a menudo que ya siento este dolor permanente lleva un pacto de vicio con los analgésicos y que estos ya no me pueden curar por eso ella siempre quiere llamar la atención y me hace caer al suelo mientras los electrodomésticos se burlan de mi.


V
Abro el refrigerador, creo que con el siempre he tenido una buena relación y saco una cerveza, me la tomo rapidísimo, sólo para que los demás vean que no estoy tan mal, y que me armo de valor para abrir la puerta, lo hago, no hay juanes en el exterior, el día es brillante y en mi pierna se siente entrar el aire. Salgo feliz, columpiándome como niña sobre mis artefactos de aluminio, saltando piedritas, bordos, plantas y hormigas. Ahora ya no soy la esclava de la izquierda.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Por que quiero Mango.

Los amores recién estrenado tienen esa sensación de frescura que pierden los antiguos, pero nunca esa etiqueta que contenga una leyenda que me explique hasta donde llega su finito, son el único juguete que se puede tener por los fines de semana, mientras el resto sea ese señuelo de normalidad que los demás aparentan, por eso me permito placeres más tangibles, como el hecho de comer un chocolate, pisar la raya de las aceras ó columpiarme en alguna hamaca prestada, por eso a veces los placeres se vuelven tan rutinarios y aburridos que tengo que prestarme a los desencantos, es decir: yo sé que a todo mundo en este lugar de calor les gusta el mango, quizá por que es fresco, suculento, escurrido y tan brillante que nadie se le puede negar a su encanto, pero también sé que esa fruta de color tan brillante no es para mí, que su color no combina con la palidez de mi piel, que su jugo sólo me provoca comezón entre los dedos, pero siempre quiero estar segura de lo que ya sé, por esa razón una vez al año tengo que probarlo sólo para darme cuenta que lo que digo es verdad.
Así creo que es el amor para mi y por esa razón lo pruebo una vez al año, es así que conozco algún hombre que me haga sentir que puedo putearme la cabeza en la pared sin sentir el mínimo dolor y que más tarde me pueda mirar en el espejo con los dejos de lo que infringí, tengo que estar con alguien que me provoque escribirle casi inconciente todo un poemario de estación y así tener que leer la estación siguiente y darme cuenta que lo que escribí es horrible.
Por esa razón mejor le escribo a las moscas, a los faroles fundidos, a los cristales rotos y alguno que otro mal intencionado sentimiento.

domingo, 2 de marzo de 2008

Algo sobre el amor y yo. "Ensayo sobre el Desamor"


Caer de la gracia del amor, es como estar tan lejos de los ojos del mismo Dios, a la vista de los buitres de dos cabeza, esperando a que tu alma muerta termine de pudrirse para carroñarte hasta los huesos.
Vivir a expensas del desencanto, parecer que cada día es igual siempre, esperando a que las horas se nos aglutinen en las capas de nuestra piel, volviéndonos viejos, cada vez más viejos, recibiendo una pesada loza sobre nuestras espaladas, sabiendo de antemano que este peso nos vuelve locos. A diario me alimento de esta tragedia con sabor a hiel, y su sabor quema el sencillo camino de mi traquea, esperando que la próxima vez sea menos doloroso y aun sabiendo todo esto, los que soñamos con el amor perfecto nos creemos a la vista de muchos valientes exhibicionista y vivimos de sentimientos que jamás debimos poseer antes, rogando hincados frente al atrio de una iglesia para que algún santo nos vuelva insensibles y menos humanos ó que por lo menos nos beatifiquen por creer que existen.
Por eso bebemos y tomamos píldoras que nos borren la memoria, para dejarnos como vegetales dormidos sobre el asfalto y despertarnos al día siguiente con la misma triste sensación de desamor.

Diez de lo que soy.

1.- Mi hijo.
2.- Bach
3.- Libros
4.- Verde
5.- Chocolates ó cerveza. (No, más bien, chocolates y Cerveza)
6.- Femputador
7.- Tintos vinos
8.- Una Noche de Dj´.
9.- Tropezarme con Locos en la calle. (de los más nobles a los más violentos)
10.- Mi hijo y primavera.