jueves, 17 de abril de 2008

Algo que tendría que decirle a la mujer del instrumento grande.

Tengo esta clase de azares conmovedores en mi vida, en donde tengo que lidiar con el desencanto de la mujer carga con el gran instrumento, sólo por creo que le he robado lo más semejante al querer, por eso me mofo de sus histerias públicas y finjo tristeza por la suya.
Así me llevo con la vida, arrastro este tipo de tragedias desde la infancia, provengo de una familia yerma de la que sólo reconozco piezas sueltas a distancia, por eso sufro de días incompletos e incontenibles buscando encontrar sueños que me acicalen el alma para arrullarme por las noches.
Tuve que fingirme por tanto tiempo antes de encontrarte, hurgue entre las grietas más horribles sin saber que te buscaba, fingí ser la indigente que recolecta restos de comida en la basura para alimentarse, tuve que cazar cazadores en la oscuridad, fui tigre, indudablemente lo fui, así como también la víctima de otras bestias, por eso me dediqué a limpiar lágrimas ajenas, pedirle cuerpos prestados a mis conocidos y regresarlos casi intactos, dejándome sin fuerzas para retomarlos. Tantas veces me dejé besar por sapos, todo para encontrar al que ya por tanto tiempo me había encontrado, tuve que mover mesas de los bares, levantarme del resto que deja la cerveza, y fijarme en otros brazos, sólo para que esa noche nos topáramos los labios, por eso no me canso de reconocerte, y no me molesta decirle a la mujer que carga el instrumento grande, que el hecho de que tu voz me acicale por las noches es lo más semejante al amor y mucho más fuerte que su más semejante al querer.

No hay comentarios: