martes, 29 de abril de 2008

Ensayo sobre el amor.

Vivir con innaturalidad, esperando a que los besos se queden pegados como vetas sobre piel. A veces ciegos, a veces claros, los enamorados viven de un mundo paralelo al de los demás, sé creen que tienen un tiempo de sobra, cuando en realidad siempre les falta y se les ve escurrir a borbotones entre las comisuras de sus dedos. En ocasiones inventan mal entendidos como en una especie de simulacro en caso de desamor.
Buscan lugares comunes donde puedan toparse por casualidad, cuando en realidad sólo se están buscando. Así viven, a expensas de los sentimientos de los otros, oteándose desde lejos con la certeza de saberse conectados por sus miradas aun cuando esto signifique traspasar, por eso están en el ojo publico, son la comidilla de los desahuciados, y la estocada en el corazón de los incapacitados para sentir.

jueves, 24 de abril de 2008

El tigre y los arándanos

El timbre sonó, estuvo dispuesto para que ella lo pudiera alcanzar, alguien se había encargado de hacer el contacto, así fue como la puerta se abrió.
Los que miraban por las ventanillas comenzaron a excitarse, algunos empezaron a salivar en exceso. Fue así como ella irrumpió en el lugar, con un gesto de ingenuidad desbordada, luciendo como un monigote rebotando, una mariposa regordeta la cual no cabía en sí de la felicidad. La enana paro en seco, justo cuando se percato de la mirada de los snuff .
Más tarde sé escucho un rugido que inundo el lugar y yo me deje sumergí en el sonido para dejar de ser la persona que había sido, así me tumbe en la nota baja como si su resonancia vibrara en mis entrañas, recorriendo suavemente la circulación de mi sangre, después el grito de la enana, pero con una nota tan alta que su agudo comenzó a erizar mi piel, más tarde silencio, y esos entrecortados balbuceos de algún idioma que no acaba de entender, sólo podía comprender el sentido de sus suplicas melódicas. Era un acto de fe mirar como ella trataba de calmar a la bestia, pero el tigre nunca dejo de ser fiel a su naturaleza, y llevaba a la mujer entre sus garras de un lugar a otro, jugueteaba con ella con una sutileza de tortura.
Por eso, cuando el tigre la tomó por el cuello para asfixiarla y después mordisqueó el cráneo, me sentí sumamente aliviada, fue como un guiño en mi pezón, una caricia el los testículos del hombre que estaba a mi lado.
Cuando sacaron al tigre del lugar, anduvimos como moscas revoloteando sobre su cuerpo, quisimos hurgar sus marcas, me sentí chacal tratando de comer con la mirada, por eso me acordé de mi verdadera naturaleza, y aparente asco de los otros chacales, y me fui a la habitación continua a comer arándanos para olvidarme de la sangre.

domingo, 20 de abril de 2008

Matando Patos.

No tengo nada suyo que me sea familiar, se ha ido, con mis besos, mis palabras, sólo me queda su última postal, la de un país donde todos semejan ser tan felices tras una urbe donde yo estaría cagada de miedo, (pero las cosas siempre se ven tan lindas desde esta tarjeta) y él siempre comienza diciendo: querida B: un par de dulces y adornadas palabras y al final un P.D. que dice: No olvides matar patos.
Quizá, en su lenguaje casi ínfimamente humano eso quiere decir te amo, pero como él es él, sólo le puedo dar un sentido exacto a sus palabra. Así que me he preparado para matar patos. Me he puesto ese lindo vestido rojo para el acto, y he caminado un par de metros hacia la presa. No voy prepara más que con mis manos y mis dientes.
Pensar en patos, tapar su pico, agarrar su cuello, excitándome por su muerte, hasta que su sonido se vuelve inmundo, y los de un lado me miran con una mueca peculiar.
Ahora sé que matar patos no es fácil, mucho menos de noche, cuando miras a las parejas besarse a la orilla de la presa, devorándose, romanceando o lujuriando a ser desnudos de los pies a la cabeza, mientras un pulpo antropomorfo con ventosas en su piel succiona su cuerpo.
Ahora escucho el gozo y las fuerzas que semejan del deseo, mientras me veo a la orilla de la presa, con mis piernas entremetidas en un charco, completamente escurridas, mientras me veo sujetando a un pato por el cuello, jalando su traquea, hacia arriba y hacia abajo mirando como este aletea desesperado y agoniza de asfixia.
Si, ahora lo puedo admitir: soy una asesina de patos, y se siente tan bien confesarlo, y justo después de decirlo, mi cuerpo empieza a estremecerse, sintiendo pena y vergüenza de mis actos.
Pero aun así, con mis manos calientes, vuelvo a casa a mirar nuevamente la postal, y tratar de adivinar, que fue lo que quisiste decir con P.D. No olvides matar patos.

jueves, 17 de abril de 2008

Algo que tendría que decirle a la mujer del instrumento grande.

Tengo esta clase de azares conmovedores en mi vida, en donde tengo que lidiar con el desencanto de la mujer carga con el gran instrumento, sólo por creo que le he robado lo más semejante al querer, por eso me mofo de sus histerias públicas y finjo tristeza por la suya.
Así me llevo con la vida, arrastro este tipo de tragedias desde la infancia, provengo de una familia yerma de la que sólo reconozco piezas sueltas a distancia, por eso sufro de días incompletos e incontenibles buscando encontrar sueños que me acicalen el alma para arrullarme por las noches.
Tuve que fingirme por tanto tiempo antes de encontrarte, hurgue entre las grietas más horribles sin saber que te buscaba, fingí ser la indigente que recolecta restos de comida en la basura para alimentarse, tuve que cazar cazadores en la oscuridad, fui tigre, indudablemente lo fui, así como también la víctima de otras bestias, por eso me dediqué a limpiar lágrimas ajenas, pedirle cuerpos prestados a mis conocidos y regresarlos casi intactos, dejándome sin fuerzas para retomarlos. Tantas veces me dejé besar por sapos, todo para encontrar al que ya por tanto tiempo me había encontrado, tuve que mover mesas de los bares, levantarme del resto que deja la cerveza, y fijarme en otros brazos, sólo para que esa noche nos topáramos los labios, por eso no me canso de reconocerte, y no me molesta decirle a la mujer que carga el instrumento grande, que el hecho de que tu voz me acicale por las noches es lo más semejante al amor y mucho más fuerte que su más semejante al querer.