domingo, 20 de abril de 2008

Matando Patos.

No tengo nada suyo que me sea familiar, se ha ido, con mis besos, mis palabras, sólo me queda su última postal, la de un país donde todos semejan ser tan felices tras una urbe donde yo estaría cagada de miedo, (pero las cosas siempre se ven tan lindas desde esta tarjeta) y él siempre comienza diciendo: querida B: un par de dulces y adornadas palabras y al final un P.D. que dice: No olvides matar patos.
Quizá, en su lenguaje casi ínfimamente humano eso quiere decir te amo, pero como él es él, sólo le puedo dar un sentido exacto a sus palabra. Así que me he preparado para matar patos. Me he puesto ese lindo vestido rojo para el acto, y he caminado un par de metros hacia la presa. No voy prepara más que con mis manos y mis dientes.
Pensar en patos, tapar su pico, agarrar su cuello, excitándome por su muerte, hasta que su sonido se vuelve inmundo, y los de un lado me miran con una mueca peculiar.
Ahora sé que matar patos no es fácil, mucho menos de noche, cuando miras a las parejas besarse a la orilla de la presa, devorándose, romanceando o lujuriando a ser desnudos de los pies a la cabeza, mientras un pulpo antropomorfo con ventosas en su piel succiona su cuerpo.
Ahora escucho el gozo y las fuerzas que semejan del deseo, mientras me veo a la orilla de la presa, con mis piernas entremetidas en un charco, completamente escurridas, mientras me veo sujetando a un pato por el cuello, jalando su traquea, hacia arriba y hacia abajo mirando como este aletea desesperado y agoniza de asfixia.
Si, ahora lo puedo admitir: soy una asesina de patos, y se siente tan bien confesarlo, y justo después de decirlo, mi cuerpo empieza a estremecerse, sintiendo pena y vergüenza de mis actos.
Pero aun así, con mis manos calientes, vuelvo a casa a mirar nuevamente la postal, y tratar de adivinar, que fue lo que quisiste decir con P.D. No olvides matar patos.

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